ENTREVISTA a María Dolz, colegiada del CODECS: “María, ¿te quieres ir a África con una ONG? Y dije sí. No lo dudé”

María Dolz, durante una de las expediciones sanitarias con la ONGD Youcanyolé.
María Dolz, durante una de las expediciones sanitarias con la ONGD Youcanyolé.

Castellón, 20/07/2018.- De pequeña quería ser maestra. Pero poco después el interés por la enseñanza derivó al plano sanitario. A la odontología. “No sé muy bien cuándo decidí que quería ser dentista, quizás desde el instituto. Pero sí sé que mi profesión es vocacional”. María Dolz Solsona tiene 31 años. Colegiada en Castellón desde enero de 2017, estudió Odontología en la Universitat de València (UV). Trabaja en una clínica en Cabanes, colabora en otros centros de Castellón y Valencia como endodoncista y odontopediatra y cubre su pasión por la enseñanza como profesora colaboradora en el Máster de Odontología Restauradora y Endodoncia de la UV. Desde hace cinco años María Dolz ha incorporado la vertiente solidaria a su trayectoria profesional. Junto a la ONGD Youcanyolé participa en expediciones sanitarias en varios países del continente africano. Ya no concibe su carrera sin esta vertiente social sobre terreno. Un mensaje de whastapp de seis palabras: “María, ¿te quieres ir a África?”, fue el impulso definitivo. Hasta hoy. Este verano regresa a Tanzania y Kenia.

¿Cuándo empiezas a interesarte por el mundo de la cooperación y por vincular tu profesión a este campo?
Siempre me ha llamado la atención. Ya durante la carrera busqué organizaciones con las que colaborar, pero por una razón u otra no encajaban. Hasta que el presidente de Youncayolé, Miguel Medina, que trabajaba en el Hospital Provincial de Castellón con el responsable de la clínica donde yo estaba, Evaristo Rambla, le habló de la ONG. Acababa de constituirse e iban a hacer la primera cooperación. Se lo propusieron a él, y al no poder en ese momento, les habló de mí. Les dijo que sabía de alguien que seguro que quería. Me envió un whatsapp. Lo recuerdo, fue en octubre de 2013. El mensaje era: “María, ¿te quieres ir a África con una ONG?”, y le dije que sí. No dudé. Me dijo: ya cuentan contigo. Lo tenía claro.

¿Por qué Youncanyolé?
Se había fundado en diciembre de 2012 y aún no habían hecho aún ninguna expedición médica, pero sus impulsores tenían experiencia previa con otras ONG. Cuando contacté con ellos lo tuve claro. De Youcanyolé destacaría la transparencia y la sinceridad. También su organización: en una expedición con tanta gente y en un país donde hay tantos imprevistos, es de diez. Para mí es ya como una familia.

¿Recuerdas tu primer destino?
Febrero de 2014. Etiopía. Estuvimos dos semanas. Fue impresionante. Yo siempre digo que estoy enamorada de África. He estado después en otros países africanos pero Etiopía está ahí. En esa expedición iba yo sola como dentista. Sólo para hacer extracciones.

Y tras Etiopía llegaron más experiencias.
Ese mismo 2014, en verano, estuvimos otras dos semanas en Kenia. En 2015 repetimos destino, alrededor de tres semanas. En marzo de 2016 fuimos quince días a Ghana. Un año después, en 2017, participé en una expedición entre Kenia y Tanzania. Fue el verano en el que tuvimos problemas con el vuelo para salir del país. A raíz de aquello nos conoció mucha gente. Este verano volvemos a Kenia-Tanzania.

El equipo ‘dental’ va creciendo.
El primer año yo era la única dentista, pero en 2015 vinieron dos odontólogas más. En 2017 a Ghana se sumó otro compañero de Valencia. El año pasado volví a ir sola pero este verano viene una ONG de dentistas que se llama SOS Odontología Social, con cuatro profesionales. Espero que sea más fácil: sola es muy duro porque ves que no llegas, que hay mucha gente que se queda sin tratar. He llegado a atender a una media de casi cuarenta personas al día. El triple de lo que hago aquí en España.

María Dolz y un compañero atienden a un paciente en una de las expediciones médicas con Youcanyolé. Foto: Isaac Sanahuja.
María Dolz y un compañero atienden a un paciente en una de las expediciones médicas con Youcanyolé. Foto: Isaac Sanahuja.

¿Cómo transcurre vuestra estancia en el país?
Trabajamos en campamentos médicos y vamos desplazándonos por diferentes poblaciones. En el equipo siempre hay profesionales de la medicina, la enfermería y la odontología para atención directa a la población. Se suma personal no sanitario que asume las labores de logística, porque hay que organizar esperas y atenciones. Además, cada dos o tres días cambiamos de sitio y hay que tenerlo todo bien planificado. También se les forma en la parte de farmacia y colaboran en otras acciones como, por ejemplo, el reparto de gafas. Y en medio de todo esto también hacemos prevención, aprovechando las esperas entre consulta y consulta.

De tu experiencia como odontóloga en terreno: ¿qué necesidades, avances, retos, potencialidades o carencias detectas?
La educación y la accesibilidad a la asistencia son las claves, y dos retos a su vez. No hay hábito de cepillarse los dientes, aunque tampoco recursos para comprarse un cepillo a veces. El dentista allí es muy caro. He llegado a ver a personas quitarse ellas mismas el diente o lo que han podido del diente. Y niños muy pequeños con unos flemones increíbles… Entre los avances, que empezamos haciendo sólo extracciones y finalmente el verano pasado conseguimos comprar un maletín para poder hacer tratamientos más conservadores como limpiezas y obturaciones.

¿Los problemas de salud oral son más frecuentes en unas edades o en otras?
Vemos problemas en todas las franjas de edad. Lo más duro es tener que quitar dientes definitivos a niños porque no se podía hacer otra cosa, por eso al comprar el maletín y poder hacer tratamientos más conservadores, como empastes, se ha avanzado mucho. Además ahora han empezado a construir un dispensario médico en Soweto (Kenia), que es donde nos quedamos a dormir, para hacer atención continuada. Cuenta con personal sanitario local para dar servicio y medicación para patologías crónicas como diabetes o hipertensión, porque hay gente que muere con esto… Así se puede dar continuidad a los tratamientos.

Distribución de material bucodental en Ghana.
Distribución de material bucodental en Ghana.

Quizás la de odontóloga no sea una profesión que se vincule en exceso a la cooperación. ¿Por qué?
Ha estado bastante apartada e incluso me pasa con mis compañeros: me dicen, qué bien… pero a la gente le cuesta mucho animarse. Uno de los problemas principales de que no haya tantos dentistas en este campo es que la mayoría somos autónomos. Los profesionales asalariados tienen convenios para cooperación pero en nuestro caso no hay. Es una percepción personal, pero creo que influye: si cierro la clínica tres semanas, son tres semanas de gasto sin ingresos. Y nosotros, como personal voluntario de las expediciones, nos pagamos todo: el vuelo y la estancia allí. La ONG destina toda la recaudación a compra de medicinas, material o transporte interno.
A pesar de todo, nuestra profesión es una de las más demandadas en estas expediciones sanitarias. Porque la atención médica sigue siendo cara y de difícil acceso, pero en algunos casos existen los seguros. Sin embargo, ir al dentista es un privilegio allí.

¿Y qué puede aportar?
Hasta que no vives un problema dental no puedes entenderlo… pero imagina el dolor que sufre alguien para arrancarse un diente. Es de las labores más agradecidas: si a alguien le molesta el diente y se lo quitas, no le va a doler más. Digamos que hay un resultado más inmediato. Recuerdo el caso de una niña de 15 años a la que le hice una obturación en un incisivo central superior que tenía roto por un traumatismo. No sonreía… A nivel de autoestima el cambio es total. Es muy satisfactorio, para el paciente y para mí.
Me paso todo el año trabajando esperando a que llegue el verano para trabajar el triple de lo que trabajo normalmente. Si me pasa eso es que vale la pena, para mí desde luego.

¿Qué es lo más difícil?
Lo más difícil a veces es la impotencia de no poder hacer todos los tratamientos que me gustaría… y ser consciente de que en cada población estoy dos o tres días…. Que tienes el material que tienes y los días que tienes y con eso has de hacer lo que crees que es mejor para cada paciente.

Y lo que menos cuesta…
Los puntos positivos serían muchos: lo que yo obtengo es infinitamente más de lo que doy. Puede sonar egoísta, pero me siento más realizada. Me gusta mi profesión y poder colaborar a través de ella.

¿Qué te llevas de esta experiencia cada verano?
Crecimiento personal y profesional. Más personal que profesional.

¿La recomendarías a tus compañeros de profesión?
Sin duda. Si se fijan en que vuelvo todos los veranos, igual es por algo…. Es lo que te enseña: el aprendizaje de estar en una cultura diferente, con recursos mucho más limitados. Es una lección de vida. A mis compañeros les diría que tenemos mucha suerte, gracias a nuestra profesión, de poder hacer llegar nuestro trabajo a los demás.

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